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La colonización de las Américas por parte de los estados europeos
supuso no sólo la implantación de un nuevo orden político,
económico y social sino también la implantación de una moral de
rasgos bien definidos. La finalidad del presente ensayo es, en primer
lugar, presentar a los que quieren estudiar este proceso de
colonización moral, las premisas medievales del mismo; y, en
segundo lugar, proponer, un marco interpretativo que permita una
comprensión de la peculiar dinámica de esta colonización. Este
ensayo se interesa sobre todo por una historia de las pautas morales en el marco de una historia cultural, entendida ésta en el sentido
más amplio del término. Se trata de una perspectiva que ha sido
poco explorada por los historiadores. (Aunque hay notables
excepciones, como las de Norbert Elias y Edward P. Thompson). Esta
perspectiva no equivale a una historia de las mentalidades ni a una
historia de las ideas. La misma se sitúa más bien en la zona de
contacto entre una y otra de estas formas de hacer historia. La
relevancia de esta perspectiva se ha de resaltar: el comportamiento
de los hombres y de las mujeres que viven en una sociedad está
determinado decisivamente por las pautas morales, por sistemas que
definen lo que está bien y lo que está mal. Las decisiones y las
conductas en muchos casos derivan no tanto de un análisis científico
de las realidades a las que se refieren, sino de una aplicación
espontánea de valores y principios morales. El estudio de las pautas
y de los sistemas morales, por otra parte, requiere una definición
precisa de los marcos temporales y espaciales. Una moral se elabora
para durar y, de hecho, se puede constatar que los valores propios
de una moral determinada permanecen vigentes durante siglos, aún
cuando nuevos y contrapuestos valores hayan hecho su aparición.
Una moral, por otra parte, se propaga y se difunde, muchas veces
por la fuerza, más allá de las fronteras políticas y de las diferencias
sociales. Por ello es importante retener siempre que el marco más
propio para el estudio de una moral son las civilizaciones, por encima
de la progresiva consolidación de culturas particulares, nacionales u
otras. Por último, el estudio de las pautas y de los sistemas morales
como parte de una civilización requiere poner en juego una
diversidad lo más amplia posible de fuentes: desde los tratados
teológicos y filosóficos y las obras de los literatos hasta los refranes y las canciones populares. Porque esta diversidad de los testimonios
nos permitirá reconocer que en muchos momentos de la historia la
regla era la coexistencia de morales y que, dada esta coexistencia,
una moral pudo elaborarse contra las otras morales alternativas. |